Sabemos lo que queremos, incluso cuando dudamos, sabemos que es lo que de verdad deseamos, y es difícil, muy difícil ir en contra de nuestra propia voluntad a pesar de que lo que queramos no siempre sea bueno para nosotros. Podemos darle una oportunidad a nuestros deseos si somos optimistas, pero es muy necesaria una dosis de realidad también. Siempre estaremos intoxicados por nuestra subjetividad, nunca veremos nada de forma objetiva, ya sea respecto a otros o respecto a cosas que tienen que ver con nosotros mismos. Hay veces en las que creo que yo misma puedo cambiar mi futuro con mis decisiones y mis acciones, incluso cuando tomo una decisión de la que no estoy segura, prefiero pensar que voy a poder cambiar las consecuencias, que me voy a quedar lo bueno y voy a cambiar lo malo del camino que he tomado. Pero en todos los caminos hay zarzas y espinos, y podemos disimularlos, sí, pero en algún momento llegarán a herir. Puedo intentar evitarlos, puedo correr cuando lleguen para arañar mi piel, pero quedará una marca, una marca que dolerá y quién sabe por cuanto tiempo. El pasado nunca se olvida por mucho que queramos. Podemos enterrarlo, tirarlo al mar, pero volverá a nosotros y tendremos que luchar por ignorarlo si nos hace daño, porque vivir lamentándonos por lo que no pudimos cambiar, no es vivir.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Esperanza Vana
Sabemos lo que queremos, incluso cuando dudamos, sabemos que es lo que de verdad deseamos, y es difícil, muy difícil ir en contra de nuestra propia voluntad a pesar de que lo que queramos no siempre sea bueno para nosotros. Podemos darle una oportunidad a nuestros deseos si somos optimistas, pero es muy necesaria una dosis de realidad también. Siempre estaremos intoxicados por nuestra subjetividad, nunca veremos nada de forma objetiva, ya sea respecto a otros o respecto a cosas que tienen que ver con nosotros mismos. Hay veces en las que creo que yo misma puedo cambiar mi futuro con mis decisiones y mis acciones, incluso cuando tomo una decisión de la que no estoy segura, prefiero pensar que voy a poder cambiar las consecuencias, que me voy a quedar lo bueno y voy a cambiar lo malo del camino que he tomado. Pero en todos los caminos hay zarzas y espinos, y podemos disimularlos, sí, pero en algún momento llegarán a herir. Puedo intentar evitarlos, puedo correr cuando lleguen para arañar mi piel, pero quedará una marca, una marca que dolerá y quién sabe por cuanto tiempo. El pasado nunca se olvida por mucho que queramos. Podemos enterrarlo, tirarlo al mar, pero volverá a nosotros y tendremos que luchar por ignorarlo si nos hace daño, porque vivir lamentándonos por lo que no pudimos cambiar, no es vivir.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Elegir
No siempre encontramos la verdad delante de nuestros ojos, pero cuando lo hacemos, muchas veces decidimos obviarla, pues no saber nos hace más felices. Es una decisión difícil, pues la verdad es lo que deseamos conocer pero lo que muy probablemente nos hará infelices, por eso es más fácil vivir en la ignorancia, solo creyendo en nuestras vanas ilusiones, que pueden no ser ciertas pero al menos nos traen la felicidad. Por eso me pregunto, ¿merece la pena la verdad? ¿realmente merece la pena luchar por conocer una verdad que nos traerá la infelicidad? Creo que es una causa muy noble, el luchar por conocer toda la verdad y construir nuestra vida así, sin embargo el otro camino es mucho más fácil, y por eso se presenta el dilema. He estado una temporada viviendo en la ignorancia, y era feliz, pero ha llegado un punto en el que necesito la verdad, como si realmente necesitara la infelicidad, porque la felicidad me parece simplemente una fachada, una máscara que no podría sobrellevar eternamente.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Esperar...
La mayoría de mi vida la he pasado esperando, o al menos esa es la impresión que tengo, será porque la espera siempre se hace larga y aquello que esperamos, cuando es bueno, parece excesivamente breve. Esperar, esperar, esperar, y después, ¿qué hay? Empiezo a sentir que quizá esperar es la mejor parte, no parece así, pero normalmente tras la espera viene un cambio, y aunque al principio el cambio parezca mejor, luego empiezan las desventajas, y entonces deseamos por un momento volver a la espera, volver a ese momento en el que nada dependía de nosotros mismos porque lo único que podíamos hacer era esperar. Espero y espero, pero me da la impresión de no avanzar, porque cada espera que termina da paso a una nueva que parece aún más ardua, la cuestión es ¿habrá recompensa? Ese es el problema, y nunca lo sabré. ¿Habrá merecido la pena esperar o solo estoy malgastando mi tiempo? El tiempo nunca se pierde si aprendes por el camino, o eso es lo que me gustaría pensar...
martes, 13 de noviembre de 2012
Nubes de tormenta
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